| La fundación de Madrid se debate entre
la leyenda y la historia. Según dice D. Ramón de
Mesonero Romanos (primer cronista oficial de la Villa ): "Madrid
tiene sus aduladores panegirístas que trataron de rebuscar
su origen en la más remota antigüedad, enlazándola
con héroes mitológicos". Así, desde
los siglos XVI y XVII, como consecuencia del traslado de la Corte,
los cronistas de Madrid quisieron dotarla de una rancia alcurnia
y retrotrajeron sus orígenes a diez o más siglos
antes de la fundación de la propia Roma, a muy pocos años
después del diluvio universal, atribuyendole más
de 4.000 años de existencia.
Estos mismos cronistas, plagiando el origen que dio Virgilio a
la Mantua italiana, añaden que, Madrid, fue fundada por
el príncipe griego Ocno-Bianor, hijo de Tiber, rey de Toscana
y de la divina Manto, poniendo a esta villa, en su honor, el nombre
de Mantua.( En realidad la Mantua carpetana según la situación
que le daban las tablas de Ptolomeo, sería Talamanca, ni
tan siquiera Villamanta, como pretenden algunos).
Otros suponen a Madrid el origen griego basándose en la
figura de dragón que apareció esculpida en Puerta
Cerrada.
Si una ciudad no tiene historia hasta que no está documentada,
sólo podremos hacer referencias basándonos en escritos
o también en restos arqueológicos. Así podemos
situar los inicios en las orillas del Manzanares en épocas
aún prehistóricas (en el terciario, hace unos 20
millones de años). Pero los yacimientos hallados, de esta
época, son solo de fósiles de animales de gran tamaño,
estando ubicados los más importantes en la zona que, actualmente,
se correspondería con el Paseo Imperial y paseo de las
Acacias. La primera presencia humana se corresponde con los yacimientos
del Paleolítico inferior y medio ( hace unos 500.000 años)
localizados en las terrazas del Manzanares (cerro de San Isidro).
Ahora bien, si nos atenemos a los materiales aparecidos en silos
excavados en el Cerro de S. Andrés, próximo al arroyo
que bajaba por la actual calle de Segovia, asentamientos propiamente
dichos, en la zona que ocupó la actual Madrid, en la alta
edad media, no debió haberlos hasta la Edad del Bronce
(dos mil años a. de C.).
Este temprano asentamiento es completamente lógico ya que
tenían bosques, animales para cazar, y el agua y el pedernal
para fabricar sus armas no eran un problema para ellos.
En el año 1993 el patrimonio arqueológico y paleontológico
de esta zona, que abarca ambas márgenes del río,
(Terrazas del Manzanares) quedó protegido como Bien de
Interés Cultural.
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