País de ninguna parte. Las palabras de García
Lorca resumen estas tierras ricas en folklore, fiestas y supersticiones.
Pueblos que, sumergidos en un tiempo antiguo y lejano, nos
muestran su viveza y alegría a través de callejuelas
de pizarra colgadas en las laderas, de paredes blancas encaladas,
de madera, balcones, geranios y chimeneas que humeantes rompen
en horizonte de las cumbres nevadas, del verde del paisaje,
del azul del mar Mediterráneo que al sur baña
las costas granadinas. Pueblos de misterio que se asoman a
barrancos, arroyos y torrentes que inundan el paisaje entre
viñedos, almendros e higueras.
El tiempo se detiene, los aromas surcan el aire y a cada
paso los colores lo salpican todo. Cantos y bailes nos llegan
desde lo más profundo del valle: el trovo, el taranto,
el fandango, el rabo, la música de ánimas. Fiestas
de moros y cristianos que recogen una herencia cultural que
viene de lejos. Sabores de una gastronomía artesana
y auténtica.
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